27.10.11

Cuantas veces nos salvó el pudor y mis ganas de siempre buscarte. Pedacito de amor delirante, colgada de tu cuello un sábado de lluvia a las 5 de la tarde. Sabe Dios cuanto me cuesta dejarte y te miro mientras duermes, más no voy a despertarte, es que hoy se me agotó la esperanza porque como el que nos queda de nosotros, ya no alcanza